Hace unos años, de visita en casa de mis padres,
me encontré en la calle con una excompañera de escuela: TV. A
regañadientes accedí a ir a tomar un par de cervezas con ella. A
pesar de mi reticencia, resultó que ella estaba muy emocionada de
verme e incluso me quería presentar a su nuevo amor.
TV se deshacía en elogios hacia el mentado
pretendiente. Después de una hora de que habíamos llegado al bar y
con un par de llamadas al interfecto TV anunció:
– Ya viene para acá. –
Por las descripciones yo me imaginaba un heroico
guerrero, mezcla en partes iguales de Sansón, Beowulf y
Popocatépetl, líder de hombres y bestias, millonario pero sencillo,
una mezcla de Robert Redford y Brad Pitt estilo mexicano, yo que sé.
El hombre que se acercó a nuestra mesa era un
hombre chaparrito (de mi estatura), bastante moreno, de cuarenta y
tantos años (más cerca de los 50), medio panzón (o panzón y
medio), ataviado con el típico traje caro de la clase (alta) ejecutiva mexicana.
F (de Fulano, por que no recuerdo su nombre) le
dio un beso muy cariñoso a TV y se presentó conmigo dándome un
firme apretón de manos. Por su trato era obvio que aunque no era
alguien completamente desagradable, estaba acostumbrado a tener trato
preferencial y obtener lo que quería, cuando lo quería y justo como lo quería. La
manera en la que le habló al mesero no dejó dudas. Con la plática
salió que el señor era hijo de una familia adinerada, con varios
negocios y compañías.
Frente a ese despliegue de fortunas, la verdad yo
me sentía inadecuado. ¿Qué tenía yo para mostrar éxito en mi
vida? Ni casa, ni carros, ni negocio propio, ni fortuna.
TV intentó otro sondeo sobre mi vida personal,
más preguntas que evadir. Esta ha sido una de las pocas ocasiones en
que tuve la buena intuición de no revelar nada sobre mi vida
personal. Para desviar las preguntas, utilicé la estrategia más
obvia: les pregunté sobre ellos.
Aparentemente se habían conocido en un evento de
ex-alumnos del Tec de Monterrey y él había caído a los pies de TV.
Como estábamos “en confianza” (siendo yo amigo de ella por
tantos años) me contaron sus más oscuro secreto: el noviazgo había
sido un poco problemático debido a un detallito: la esposa de él.
Hubo el recuento de que su ex-esposa era una arpía
interesada y que “no le dio el divorcio” hasta que no quedó
satisfecha con las condiciones económicas. Durante ese periodo sus
encvuentros fueron clandestinos, ya que hubiera perjudicado las
considiciones de divorcio. Tomó tiempo, pero el obstáculo fue
superado gracias a la intervención de amigos y abogados y F quedó
libre. Aún así esperaron un poco para hacer el noviazgo oficial.
TV estaba bastante emocionada de verme, y confieso
que me hizo sentirme un poco mal el hecho de estar tan a disgusto.
Aduciendo cansancio les dije que ya me iba.
– No, cómo crees? – me dijo él. – Si apenas vamos
empezando, de este lugar – y el tono no dejaba dudas a que el lugar
estaba muy por debajo de sus expectaciones – nos vamos al "tal-por-cual"
bar. – Póngase el nombre de cualquier antro/bar en boga en
aquellos días en SLP.
– ¡Sí, vamos! – replicó ella. – Allí se está
mucho mucho mejor y nos la vamos a pasar muy bien. –
– No, no puedo – me negué categóricamente –
la neta estoy muy cansado y no traigo dinero. – Pensé que esa
excusa no me fallaría.
Quisiera decir que el prospecto de pagarme entrada
y tragos en aquel lugar los hizo dudar o algo, pero no sería un
justo retrato. No les hizo huella en el entusiasmo.
– Ay, no te preocupes por eso – dijo ella. –
Allí vamos seguido y no es tan caro –
Obviamente ese “no tan caro” era una cuestión
de perspectiva.
– No, no – les dije. – Miren nada más como
ando vestido, y no me he bañado y además de a gratis. No, es
demasiado. ¿Cómo ven si lo dejamos para otra ocasión? –
– Ay, pero no seas así – dijo ella ordernando
más cervezas al mesero – tómate otra. A ver, ¿cuándo vuelves a
venir? Hay que planear para vernos. –
Mierda, pensé yo. No hubo escape.
