Las últimas dos semanas han sido particularmente duras. Max, nuestro amado gato, estuvo muy enfermo.
Hace dos viernes dejó de comer y pasó un fin de semana muy letárgico. Esto había sucedido un par de veces antes, y el veterinario le había recetado un dieta especial.
Esta vez estuvo más grave y al final lo llevamos al veterinario de emergencia el domingo en la noche. Lo declararon deshidratado y lo tuvieron allí por dos noches (que pasamos en un estrés terrible).
Las noticias el lunes en la mañana fueron alentadoras, aunque aún seguía sin comer. En la noche, las cosas ya no iban bien. La doctora empezó a darnos la opción de ponerlo a dormir, aduciendo que es un gato de edad avanzada. Decidimos que le dieran un estimulante del apetito y mantenerlo una noche más en observación.
Para el martes en la tarde, el veterinario nos dijo que realmente recomendaba dormirlo, ya que no había ninguna mejoría y seguía sin comer. Jonathan y yo habíamos decidido traerlo a casa, para que no pasara sus últimos momentos con extraños y contratar un servicio a domicilio. Pedimos permiso en el trabajo y fuimos por él.
Al llegar allí, el veterinario nos explicó las opciones y volvió a sugerir el dormirlo, con nostros allí presentes. Nos negamos, ya que no queríamos que su fin fuera en ese lugar. Al final propuso un tratamiento con una inyección de esteroides, como último recurso. Nos advirtió que si no comía para el miércoles en la tarde, deberíamos pornerlo a dormir.
Lo recibimos y el gato estaba reventando de alegría al vernos. Todo el trayecto ronrroneó e hizo círculos en los confines de su jaula. Al legar a casa por fin comió algo y se desplomó, estaba completamente exhausto.
Los dos días siguientes fueron de tenerlo bajo estricta vigilancia, contando lo que comía y si tomaba agua, etc, etc.
A pesar de que ha mejorado mucho y que se comporta casi como antes, otra consulta con el veterinario no cambió el panorama. Los problemas que trae, en la tiroides, los riñones y el estómago son una terrible combinación. Por el momento sigue con esteroides y si continúa bien, en unas semanas lo volverá a ver el veterinario.
Por el momento está feliz, está contento, sale a la calle, come y juega, pero ya sabemos que en cualquier momento puede decaer.
En fin, tengo miedo: pronto mi pequeña familia se vuelverá aún más pequeña.
(Van a decir que soy un exagerado, pero incluso tuve que escribir este post en partes, por que me ganó la emoción).