Hace un par de años comencé a tener problemas
con mi ojo derecho. Aunque había estado ciego en ese ojo por años y
estaba afectado de glaucoma, no me había afectado más. Así que fue
una sorpresa cuando tuve bastante dolor en ese ojo por varios días.
Decidí ir al hospital Moorfields para una
revisión en la sala de emergencias. Soy paciente de Moorfields
debido al glaucoma, así que tenían mis records a la mano. De
urgencia me dieron analgésicos y gotas para reducir la presión en
el ojo.
Desde ese día mi ojo comenzó a sobresalir
más y más de su órbita, resultando en un poco de dolor y un
aspecto bastante feo.
La prognosis no era nada buena: uno de los
doctores me dijo que eventualmente iban a tener que extirparlo. Podía
durar así muchos años, pero si el ojo me daba problemas, tendría
que hacerse de emergencia. Me ofrecieron la opción de continuar con
los tratamientos que tenía o pensar en remover el ojo. Yo la verdad
no tenía muchas ganas de hacerlo, así que decidí esperar un
tiempo.
Sin embargo, desde hace unos meses el aspecto que
tenía mi ojo era horrendo y me estaba
dando un dolor constante, no intenso, pero muy frecuente. Así que a
principios de este año, me decidí que la operación era la única
solución. Después de un tiempo, se fijó la fecha para el diez de
Mayo.
De la operación no hay más que decir: llegamos
muy temprano al hospital, y me preguntaron si quería ser el primero
en entrar a las cirugías. Accedí sin pensarlo y en unos minutos
estaba en el teatro de operaciones. Me dieron anestesia general y no
supe nada más. Cuando desperté, Jonathan estaba a mi lado y yo
tenía un vendaje que me cubría toda el lado derecho de la cara.
Ya ayer me quitaron el vendaje: es un poco extraño
ver mi ojo “vacío” (en realidad tengo un plástico transparente
para protegerme de las infecciones) y no sentir ese dolorcito de
fondo al que ya me había acostumbrado. El aspecto ha mejorado mucho,
¡imagínense como estaba que el hecho de no tener nada allí es
mejor!
En fin… cuestión de acostumbrarse.