sábado, 17 de septiembre de 2016

Sucedió En Un Tren

Hace algunas semanas, digamos a finales de Julio, regresaba yo del trabajo un poco tarde. Por más que lo intento, nunca consigo salir exactamente a las cinco. Así que allí tienen que se me pasaron los dos trenes rápidos e iba hacia la casa en uno de los trenes que se detienen en todas las estaciones. Obvio que el trayecto se hace más largo el número pi. De hecho, este post fue mayormente escrito en varios de esos trenes.
Como tomo el tren en la terminal y en esa ocasión había que esperar a que el tren saliera, tuve la opción de elegir el asiento. Obvio escogí uno de los asientos que prefiero para el viaje a casa: junto a la ventana, mirando hacia el frente del tren, con la ventana a mi derecha y una mesa. Nada mal, eh?
Conforme el momento de partir se acercaba el tren se llenó. Frente a mi se sentó un hombre bastante gordo que inmediatamente fue detectado por mi gaydar. Supongo que fueron sus manerismos. Otros dos tipos se sentaron en la misma mesa, dejando no espacio disponible. Bueno, total, empezó el viaje y dos o tres veces lo caché mirándome.

Y empezaron a pasar las estaciones, una y otra y otra más. Treinta y tantos minutos en el viaje y ya estamos dentro del maravilloso condado de Essex, en su esplendor rural. Durante el viaje el gordo tuvo un par de ataques de tos bastante ruidosos. Poco a poco el vagón del tren se va vaciando cuando cada "commuter" llega a su destino. Creo que fue en Laidon que el último de los otros dos pasajeros en la mesa se bajó y solamente quedamos el gordo y yo. En el vagón solamente iban otros tres o cuatro viajeros.

El gordo tuvo otro ataque de tos, bastante ruidoso. Al terminar dijo "Oh, excuse me, I've been having this cough all day".  Aprovechó la excusa de la tos para e inmediatamente me empezó a hacer plática.

De esa forma me enteré que ese día había sido su último día en un trabajo, que había tomado demasiados tragos y una bottella completa de jarabe para la tos, admitió que andaba medio drogado por la combinación, y que al día siguiente se iba de vacaciones a Portugal.

Durante todo el viaje me llegó la idea de que el tipo me estaba tirando la onda. Sentí la vibra de que definitivamente quería algo. Por desgracia que soy monógamo y el tipo me resultaba completamente no atractivo. Traté de ser lo más cortés que se puede y fingí que no entendía las sutiles sugerencias ( y que conste que el tipo fue sutil, nada de imponer o tratar de ligar a fuerza). ¡Cuántas veces no me pasó que cuando yo le tiraba la onda a alguien, me bateaban bien feo! Así que desde aquellos días decidí ser muy amable en estas situaciones.

Al final, justo cuando iba a contarme más detalles sobre lo que les había dicho a sus ex-jefes cuando se fue (en resumen: f**k you!), solamente le dije... "Well, this is me. Hope you get better soon. And enjoy your holiday!" y bajé del tren.

Confieso que me dió cierta alegría que alguien me tirara la onda, realmente me levantó un poco el autoestima.
Pero, ¿por qué no pudo ser Channing Tatum?

viernes, 17 de junio de 2016

Votación

Efectivamente señores y señoras, damas y caballeros, Alex Rebooted no está muerto.
Y seguramente dirán ustedes: “Pero Alex, tú siendo una persona tan comprometida con tu blog y tus lectores, debiste de haber tenido una razón de peso para abandonarlos por tanto tiempo.

Y sí, efectivamente la tuve. Y para que hacer esto un poco más interactivo les ofrezco las siguientes opciones para su consideración:


  1. Alex se ganó el premio gordo de la lotería. Efectivamente, casi nunca compra boletos, pero el suertudo boleto que compró el otro día en la tienda de la esquina fue el afortunado. Y curiosamente, Alex usó ese dinero para comprar boletos en todas las grandes loterías del mundo. En un extraño balance kármico, todos esos boletos también fueron únicos ganadores. Alex, modesto como siempre, se ha retirado a un vida simple, en un yate gigantesco que navega por el Caribe, solamente atendido por dos musculosos gemelos suecos (ambos llamados Sven) que siempre están sin camisa.
  2. Alex por fin terminó la novela que ha soñado escribir por años. Sí, ese thriller, que involucra espionaje, eroticismo gay y dinosaurios genéticamente modificados,todo aderezado con fuertes dosis de ciencia-ficción y toques sobrenaturales. Ese mismo. Y resulta que fue aclamado por la crítica y adorado por el público. La quinta reimpresión de esta edición está apunto de agotarse y las traducciones, ni se diga: mandarín, checo, tagalo y muchos más. Ese triunfo, ha permitido que Alex se retire a una modesta vida artística, y ahora vive en una pequeña mansión en una isla griega privada, solamente atendido por dos musculosos gemelos daneses (ambos pelirrojos) que siempre están sin camisa.
  3. El jefe técnico de Alex convenció al dueño de la empresa de realizar una migración de una base de datos de un servidor a otro. El tipo prometió “vamos a acabar en una mañana antes de la hora del lunch y nadie va a notar la diferencia”. La razón, ahorrarse unos centavos. Alex ha pasado las siguientes 7 semanas lidiando con las consecuencias de dicha migración, lo que ha incluido terminar tarde, desvelarse, estrés, noches de insomnio pensando en código y un ambiente de mal ánimo generalizado en la oficina.

Escojan la crean que es más plausible y voten en los comentarios!

viernes, 6 de mayo de 2016

Continuando

Y con este post, se da fin oficial a lo que anuncié aquí.
Es decir, Alex Rebooted reinicia servicio normal:

Tan errático como siempre, tan dependiente del trabajo y tan pronto a dejarse vencer por el bloqueo de escritor.

Continuamos!

jueves, 5 de mayo de 2016

Ingenuas Confesiones De Una Ingenua Juventud: Otra Vez El Músico – 7 –

Hace muchos años, cuando yo era joven e ingenuo (como opuesto a viejo e ingenuo) al volver de un fiesta mi “ex” el Músico ofreció a reiniciar una relación sin ataduras conmigo. He de admitir que las siguientes semanas fueron, por decir algo, agitadas y placenteras:

El Innombrable, celoso y temeroso de que el Músico le quitara el territorio, me trató un poco mejor. Aún siguió nuestra “relación” en la que el wey sacaba provecho de mi (ahora lo veo todo tan claro) pero hubo varias formas de hacerme notar que podríamos ser algo más. Nada definitivo, no quería comprometerse. Pero eso sí, lo que no quería era que alguien más entrara y le quitara el negocio, así que el Innombrable mejoró su trato. La verdad, confieso que el Innombrable sólo quería que le invitara tragos, que le pagara entradas, etc. Durante estas semanas, se ofreció a invitarme él. Unas veces me dejó abandonado en la disco gay tan pronto como ligó con alguien y el Músico me encontró y me llevó a mi casa. Una de esas veces tuve que ir en asiento trasero, ya que el Señor X iba en el asiento del copiloto, refunfuñando todo el camino, para asegurarse que yo y el Músico no haríamos nada.

Hablando de eso, el Músico y yo volvimos a las andadas algunas veces (obvio no esa vez que el Señor X nos acompañó). Esta relación me sirvió principalmente para darle celos al Innombrable. Y la verdad, el Músico me gustaba y en esas ocasiones hubo más pasión que la primera vez que salimos. El Músico hacía las cosas con más enjundia y, a mis ojos, me pareció que había incrementado su conocimiento de las artes amatorias. Pero como siempre, como siempre, el hecho de el Músico no fuera mío y que yo medio sentía algo por él y medio no hizo que la situación se pudiera describir con el cliché que actualmente está de moda: “It's complicated”.
Que fuera más buena onda conmigo no cambió los problemas que nos habían plagado la vez anterior: nada en común, nuestros objetivos en la vida eran distintos, el Músico no se preocupaba por ingresos o trabajo, yo tenía un trabajo que me demandaba horarios correctos.

Y por último, pero no menos, Miguel y yo nos vimos algunas veces, con resultados entre buenos y mediocres. Como el Músico había avisado Miguel no era una buena persona, era un egoísta y solamente quería tener sexo. Y no era malo haciéndolo, debo decir. Lo que no me gustaba es que siempre había que estar escondiéndonos de su novio, por que siempre lo estaban celando.
En menos de dos semanas decidí cortar las cosas con él cuando me di cuenta de que nuestra relación era patética. No teníamos nada de que hablar, no había nada en común entre nosotros. Con el Músico de mínimo podía hablar de grupos y canciones y música, mientras que Miguel tenía gustos contra los que yo militaba activamente en aquellos días. Lo único que hacíamos era tener uno que otro rapidín cuando él se lograba escapar del novio, que lo celaba a sol y sombra.
Y a pesar estas patéticas migajas de relación, yo estaba empezando a pensar en algo más con él.  Como ya alguna vez lo dije, el tener sexo con alguien sin tener sentimientos por él, no es lo mío. Yo no puedo evitar sentir algo por alguien con quien tengo relaciones varias veces. Una vez que me canceló al último minuto por no poder escapar del novio, decidí botarlo al carajo. Tan pequeños eran los sentimientos que tenía por él que ni me deprimí ni me enojé. Juzguen uds.

Estas semanas fueron el único periodo de mi vida cuando he estado así, nunca más he tenido tanta suerte con los ligues.

Y, como lo prometido es deuda, este post tiene tema musical. Pansy Division es una banda que conocí a principios de este milenio y he sido fan semi-consistente desde entonces. La canción se apega bastante al post.



Aquí una versión en vivo:



PS. ¿Qué opinan de agregar videos a los posts? Este blog es minimalista, enfocado principalmente a texto, pero he pensado en agregar algo más visual de vez en cuando. As usual, let me know...

miércoles, 13 de abril de 2016

Ingenuas Confesiones De Una Ingenua Juventud: Otra Vez El Músico – 6 –

Recuerden que esta es una entrada programada.
Para las otras partes de esta confesión, click aqui.



Hace muchos años, cuando yo era joven e ingenuo (como opuesto a viejo e ingenuo) mi “ex” el Músico me llevó a una fiesta donde conocí a sus amigos hetero y a alguien de su círculo gay. Cuando el Músico nos dejó solos, comenzamos una pequeña sesión de coqueteo que sólo acabó cuando el Músico nos sorprendió.

¡Mira nada más cabrón! – exclamó la voz del Músico, apareciendo de repente – Si no se te puede dejar solo. – le dijo a Miguel. – Luego por que tu novio te cela tanto, cabrón. –

Y tú, – dirigiéndose a mi – mira nada más como andas. Vente, te llevo a tu casa. ¿Cuántas te tomaste wey? –
Músico – dijo Miguel – no seas malo, dame un ride a mi también, no traigo carro. –

Recuerdo que hubo una discusión sobre si el Músico llevaba a Miguel o no, al final se decidió a medio ayudarle. El Músico nos dejó por unos momentos mientras iba a buscar su vochito. Miguel aprovechó para pasarme su número de teléfono…

Miguel, te dejo en el Hospital Central (conocido lugar de la ciudad) si quieres. Si no, ni te subas, – sentenció el Músico desde el volante – no soy taxi. –
No manches, Músico. – dijo Miguel – Haz paro, llévame a mi casa. Ya es bien tarde. –
No seas sangrón Músico, – dije yo – dale un aventón. –
Tú cállate, – me respondió el Músico – que ni me tuvieras tan contento. ¿Qué hacías con este cabrón? –

[[Aclaro que todo los diálogos en este post no son mas que una extrapolación de mis recuerdos ebrios y de cosas que pasaron después, no se fíen de la exactitud]]

Ah cabrón, – dije yo – ¿me vas a reclamar o qué? ¿A ti que te va o te viene lo que estábamos haciendo? –
Mira wey, – me contestó el Músico – andas muy pedo para ponerte al tiro. A este cabrón, – apuntando a Miguel – no se le puede dejar solo con nadie. –
Pinche Músico – dijo Miguel desde el asiento trasero – no me quemes. –
¡Ya cállense los dos! – exclamó el Músico – ¡Tú, – dirigiéndose a Miguel – no digas nada o te me vas a chingar a tu madre! ¡Y tú, – señalándome – estás muy pinche borracho para saber en lo que te metes! –

Se hizo el silencio por unos minutos y por fin llegamos a la glorieta del Hospital Central. Miguel se bajó del carro y se despidió.

Pinche Músico – le dije en cuanto estuvimos solos – te pasas. No tenías que decir esas cosas. Ni mi Miguel ni yo no te hicimos nada. Eres un culero. –

El Músico detuvo el auto en la calle que corre al lado de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y habló conmigo.

Alex, la neta no sabes en lo que te metes. Ese Miguel es un cabrón, a ese wey no le interesas. – me dijo – Le vale madres con quien meterse. Sólo quiere tirarte y ya. No te involucres con él. –
Mira Músico... – traté de decirle.
No, escúchame. Miguel es de lo peor. Siempre tiene problemas con su novio por eso. La neta tú andas muy urgido, el pinche Innombrable te trae mal. Pero este cabrón nomás quiere chingarte. No quiere nada contigo. –
¿Y si yo también nada más quiero coger? – le respondí.

El Músico no lo pensó ni un momento.

Pues aquí estoy yo. – me contestó.

lunes, 4 de abril de 2016

Marchas Forzadas

Por causas de fuerza mayor, este blog quedará en estado de suspensión hasta fin de Abril. Las razones serán claras en unas semanas. Sin embargo, para que vean como los quiero, he estado trabajando a marchas forzadas para dejar algunos posts programados (incluyendo este que están leyendo).

Aparte de este, la continuación de la actual Ingenua Confesión ya está lista y programada. Estoy usando mis trayectos para tratar de escribir lo más que puedo, pero perdonen si no hay mucho contenido en el blog.

Continuando en la misma nota, lo que sí no podré hacer es contestar comentarios. Como tal vez hayan notado, tengo la política de responder a todos los comentarios en el blog, pero últimamente he andado un poco atrasado. Prometo ponerme al día en los comentarios existentes esta semana, pero no creo poder contestar a nada nuevo hasta los últimos días de abril.

jueves, 24 de marzo de 2016

Con Amigos Como Yo, ¿Quién Necesita Enemigos? – TV 2

Hace unos años, de visita en casa de mis padres, me encontré en la calle con una excompañera de escuela: TV. A regañadientes accedí a ir a tomar un par de cervezas con ella. A pesar de mi reticencia, resultó que ella estaba muy emocionada de verme e incluso me quería presentar a su nuevo amor.

TV se deshacía en elogios hacia el mentado pretendiente. Después de una hora de que habíamos llegado al bar y con un par de llamadas al interfecto TV anunció:

Ya viene para acá. –

Por las descripciones yo me imaginaba un heroico guerrero, mezcla en partes iguales de Sansón, Beowulf y Popocatépetl, líder de hombres y bestias, millonario pero sencillo, una mezcla de Robert Redford y Brad Pitt estilo mexicano, yo que sé.

El hombre que se acercó a nuestra mesa era un hombre chaparrito (de mi estatura), bastante moreno, de cuarenta y tantos años (más cerca de los 50), medio panzón (o panzón y medio), ataviado con el típico traje caro de la clase (alta) ejecutiva mexicana.

F (de Fulano, por que no recuerdo su nombre) le dio un beso muy cariñoso a TV y se presentó conmigo dándome un firme apretón de manos. Por su trato era obvio que aunque no era alguien completamente desagradable, estaba acostumbrado a tener trato preferencial y obtener lo que quería, cuando lo quería y justo como lo quería. La manera en la que le habló al mesero no dejó dudas. Con la plática salió que el señor era hijo de una familia adinerada, con varios negocios y compañías.

Frente a ese despliegue de fortunas, la verdad yo me sentía inadecuado. ¿Qué tenía yo para mostrar éxito en mi vida? Ni casa, ni carros, ni negocio propio, ni fortuna.

TV intentó otro sondeo sobre mi vida personal, más preguntas que evadir. Esta ha sido una de las pocas ocasiones en que tuve la buena intuición de no revelar nada sobre mi vida personal. Para desviar las preguntas, utilicé la estrategia más obvia: les pregunté sobre ellos.

Aparentemente se habían conocido en un evento de ex-alumnos del Tec de Monterrey y él había caído a los pies de TV. Como estábamos “en confianza” (siendo yo amigo de ella por tantos años) me contaron sus más oscuro secreto: el noviazgo había sido un poco problemático debido a un detallito: la esposa de él.

Hubo el recuento de que su ex-esposa era una arpía interesada y que “no le dio el divorcio” hasta que no quedó satisfecha con las condiciones económicas. Durante ese periodo sus encvuentros fueron clandestinos, ya que hubiera perjudicado las considiciones de divorcio. Tomó tiempo, pero el obstáculo fue superado gracias a la intervención de amigos y abogados y F quedó libre. Aún así esperaron un poco para hacer el noviazgo oficial.

TV estaba bastante emocionada de verme, y confieso que me hizo sentirme un poco mal el hecho de estar tan a disgusto. Aduciendo cansancio les dije que ya me iba.

No, cómo crees? – me dijo él. – Si apenas vamos empezando, de este lugar – y el tono no dejaba dudas a que el lugar estaba muy por debajo de sus expectaciones – nos vamos al "tal-por-cual" bar. – Póngase el nombre de cualquier antro/bar en boga en aquellos días en SLP.

¡Sí, vamos! – replicó ella. – Allí se está mucho mucho mejor y nos la vamos a pasar muy bien. –
No, no puedo – me negué categóricamente – la neta estoy muy cansado y no traigo dinero. – Pensé que esa excusa no me fallaría.

Quisiera decir que el prospecto de pagarme entrada y tragos en aquel lugar los hizo dudar o algo, pero no sería un justo retrato. No les hizo huella en el entusiasmo.

 – Ay, no te preocupes por eso – dijo ella. – Allí vamos seguido y no es tan caro –

Obviamente ese “no tan caro” era una cuestión de perspectiva.

No, no – les dije. – Miren nada más como ando vestido, y no me he bañado y además de a gratis. No, es demasiado. ¿Cómo ven si lo dejamos para otra ocasión? –

Ay, pero no seas así – dijo ella ordernando más cervezas al mesero – tómate otra. A ver, ¿cuándo vuelves a venir? Hay que planear para vernos. –

Mierda, pensé yo. No hubo escape.

viernes, 18 de marzo de 2016

Problemas, Problemas Y Más Problemas

La forma en la que me he sentido en mi trabajo durante las últimas dos semanas se puede resumir con esta ilustración:



Y es que ha habido tantos issues que la verdad no he tenido ganas ni ánimos de escribir. Si todo mejora espero postear la siguiente Ingenua Confesión la próxima semana.

martes, 1 de marzo de 2016

Ingenuas Confesiones De Una Ingenua Juventud: Otra Vez El Músico – 5 –

Para las otras partes de esta confesión, click aqui.



A diferencia de la vez anterior que el Músico me llevó a una fiesta, esta no fue un desastre.
O, por lo menos, no fue un desastre desde el primer momento.

Esta vez era una fiesta con amigos más íntimos del Músico. Menos actitud de niños ricos. El Músico me presentó a varios de sus amigos de cuando había estado en la Universidad y eran todos bastante agradables. Aún así no me sentí muy incluido porque la mayoría de la plática giró alrededor de fútbol y mujeres. El Músico sabía bastante del primero y fingía bastante bien interés en lo segundo. Yo era completamente ignorante de ambos.

El Músico me señaló a un tipo a evitar: era amigo del señor X. No intentamos escondernos ni nada, solamente evitarlo. Aunque en la casa en la que era la fiesta, era imposible no toparse con él. Se suponía que todos en la fiesta eran amigos o conocidos, pero era obvio que había grupos y grupos.

Aparte de eso el Músico hizo cierto esfuerzo en presentarme a uno de sus amigos, llamémosle Miguel.
–  Mira Alex, allí está Miguel. Vamos a saludarlo. –
– ¿Quién es Miguel? –
– Un amigo de la Universidad. Miguel sale con un amigo de Daniel – me dijo el Músico al oído, sólo entre nosotros – pero es muy buena onda. –

Parecía que no había escape del ex de Músico. Sin embargo el tal Miguel era bastante agradable, más simpático que todos los otros amigos del Músico (aunque de acuerdo con el Músico sus gustos musicales eran terriblemente poperos).
Mientras el Músico tocaba algunas rolas me quedé platicando con él. Eventualmente la conversación se dirigió al tema de las relaciones.

– ¿Así que andas con el Músico? –
– Eh. Uh. No. Solamente somos amigos. – dije yo – Creo que él anda con alguien mas. –
– ¿Ah sí? ¿Con quien? – me pregunto ávidamente.

Y aunque yo era ingenuo comprendí que tal vez la había hablado demasiado.

– No sé, no le he preguntado. – Traté en vano de corregir mi error...

Cuando el Músico regresó con nosotros, yo quise decirle que la había regado pero no hubo la oportunidad: el tal Miguel no nos dejó solos.

– Y hace cuánto que se conocen? – preguntó Miguel.
– No sé, unos meses – dijo el Músico –. ¿Tú te acuerdas Alex? –
– Desde mitad del año pasado – dije yo.

Contra lo que yo me esperaba el Músico no tuvo problemas en decir que él y yo habíamos salido algunas veces, pero que de allí no había pasado la cosa. El Músico recibió llamadas en su celular, pero no las contestó. Cuando dejó de sonar me mostró el número: El Señor X.

– No deja de darme lata, – me comentó en comentario local, obviamente excluyendo a Miguel – ya me está hartando. –

La fiesta continuó y continuó. Yo que no tomaba tanto en aquellos días, tomé bastante más de lo que quería. El Músico se iba a tocar algunas canciones y regresaba a donde Miguel y yo estábamos. Amigos de ambos llegaban a platicar con el Músico y con Miguel. Cervezas y cubas aparecían y eran consumidas.
De repente, casi a las 2 y media de la madrugada, me di cuenta de que no había visto al Músico en un largo rato, tal vez más de una hora.
Tal vez lo que me había distraído era la discreta mano de Miguel que dibujaba figuras en mi espalda.
O tal vez sería que yo estaba enfocado en corresponderle.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Con Amigos Como Yo, ¿Quién Necesita Enemigos? – TV 1

Para otras memorias, click aqui.


Hace unos años (yo aún vivía en la Ciudad De México) estaba yo en uno de mis viajes de fin de semana a San Luis Potosí, mi ciudad natal. Mis padres normalmente se preparaban para mis visitas comprando algunas cervezas, pero en esa ocasión, se les había ido el avión o yo que sé y, exceptuando algunos espíritus fuertes, no había nada de alcohol en la casa.
Era una de esas ocasiones en las que has trabajado todo el día, te llevaste tus maletas al trabajo y apenas llegas al autobús, viajas 5 horas y media y llegas a tu casa. Mis padres me recibieron con el amor de siempre, pero yo necesitaba liberar un poco de tensión. Decidí ir a la tiendita de la esquina a conseguir un pack de cervezas. En mi trayecto hacia allá, una camioneta me echó las luces pero yo aduje que era un loco cualquiera. Conseguí mis chelas y de regreso, la camioneta (había dado la vuelta a la cuadra) se acercó a la banqueta y una voz de mujer me llamó por mi primer nombre...

– Hola! ¿Eres tú? –
– Sí, – dije yo – ¿quién es? –
– Soy TV – me respondió.

TV es una chica (debiera decir mujer, ¿verdad?) que fue mi compañera de escuela desde el kinder hasta la preparatoria. Imagínense, de los 5 a los 17 años! Nuestras familias vivían cerca y, aunque muchos años escolares no fuimos compañeros de grupo sólo de escuela, éramos conocidos y habíamos sido muy amigos en la secundaria y en la prepa.
Sin embargo, al llegar la época de la universidad, ella se fue a una prestigiosa universidad privada, mientras que "nosotros los pobres" fuimos a la universidad pública. Obviamente nuestro contacto había disminuido y a pesar de ser prácticamente vecinos, yo no la había visto en 15 o más años.

– ¡Me da mucho gusto verte! – me dijo ella.
– A mi también – dije yo, consciente de que eso es lo que se dice, pero no enteramente cierto de sentirlo. ¿Qué se le puede decir a alguien que no has visto en años y con quien no tienes mucho en común?

TV esta ansiosa de ponerme al día con su vida y me invitó unos tragos. Yo puse las excusas que pude:

Yo: Estoy cansado. –- TV: Pero nada más vamos por dos.
Yo: Es que mis papás me están esperando –- TV: Pero los vas a ver mañana todo el día.
Yo: Es que estoy todo sudado, no me he bañado y tuve un viaje de cinco horas en autobús –- TV: Ay, no importa, nadie se va a fijar.

Total que no hubo escape. Accedí bajo la promesa de que sólo íbamos por dos. Ella, rápidamente me pidió que le indicara un lugar al que ir. Yo la dirigí a un lugar que no es malo pero no es acogedor, para tratar de acortar la velada.

TV me contó todo lo que había pasado en su vida durante los largos años en los que no nos habíamos visto: terminar su maestría, fundar su propio negocio (ayudada por el dinero del papá), etc.

Yo sin mucho entusiasmo traté de mantener los detalles de mi vida al mínimo, no sintiéndome 100% cómodo diciéndole esas cosas (intuición que tiempo después probó ser muy acertada). Le conté que vivía en el Distrito Federal y que hacía viajes cada dos o tres semanas a ver a mis papás. Hablamos de nuestros conocidos en común y a quienes habíamos visto.
TV me contó los pormenores de las vidas públicas y privadas de varios compañeros de la prepa que habían ido a su universidad y con quienes seguía en contacto. Yo he perdido contacto con todo el mundo y solamente le dije de unos pocos detalles que conocía: una amiga común había tenido un hijo, otro se había casado y yo casi, casi por accidente asistí a su boda, otro más se había mudado a otro estado.

Varias veces ella intentó tratar de sacarme la sopa:
– Oye, ¿y no sales con alguien? –
– ¿Y con quién has salido? –
– ¿Y tus papás no te preguntan que cuándo te vas a casar? –

Entre chisme y chisme TV revisaba su celular constantemente. De repente me dijo:

– ¿Adivina qué? –
– Pues no, no sé – le respondí.
– Hace unos meses conocí a un tipo – me contó – y llevamos un tiempo saliendo. Y no es un patán como todos los demás que he conocido, es un caballero y muy buena persona y me hace muy feliz... etc, etc, etc, etc, –

No recuerdo bien todas cosas buenas que el tipo tenía, pero entre sus cualidades estaban el hecho de ser muy buena persona, tratarla muy bien, haber ganado la segunda guerra mundial a mano limpia, derrotar al León de Nemea, sacar Excalibur de la piedra, guiar a los aztecas hasta el águila posada en el nopal, y otra serie interminable de buenas acciones.

– ¡Ah! ¡Pues qué bueno! ¡Felicidades! –
– Ay, pero es que hay problemas. – me dijo.
¡Ajá! Esto era lo que yo esperaba: intriga, angustia, o ya de mínimo un poco de kitchen-sink drama.

– ¿Qué problemas? –
– Es que.. no le vayas a contar a nadie, ¿eh? Él no vive aquí, vive en Monterrey (una ciudad al norte de México, para los lectores de otros países). Y además es divorciado.

Decepcionante, pensé yo.

– Eso no importa, lo que importa es que estés feliz con él. – Dije yo replicándole con un consejo enteramente anodino.
– Ay, es que yo le he contado mucho de tí, como has sido mi amigo por tantos años y de hecho hoy  está en la ciudad y viene para acá. –

Me resigné a una noche larga y pedí más cervezas.