miércoles, 7 de enero de 2015

Ficción: Gloriela — 3 —

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— ¿Qué? — Fue todo lo que alcancé a decir.
— ¡No! ¡No ahorita! — trató de tranquilizarme…

¿Todas me querían nomás por mi dinero? ¡Ni dinero tenía! ¡Dios mío!

— Tranquilo. Te juro que ahora no lo estoy haciendo. Ya casi no lo hago. —
— Pero… pero… — alcancé a balbucear. No entendía nada.
— No me paro en una esquina, no quiero que me digan perra o puta. —

La cabeza me daba vueltas. ¿En qué me había metido?

— Mira… yo… — Tomé aire. Pensé en lo que me había dicho. Cerré los ojos por un instante (siempre me ha ayudado a pensar). Ella me decía que no estaba taloneando ahora. Tal vez debía escucharla. — Lo siento. Es que… después de lo que te conté… me sorprendiste. —
— ¿Quieres que me vaya? — me preguntó.
— No. — Y era cierto: no quería que se fuera. — No, no te vayas. Quédate. Cuéntame más. — me acerqué un poco a ella. Mi rodilla tocó la suya y mi mano quedó en el respaldo del sillón.
— ¿Y qué quieres que te cuente? —
— Pues… no sé. ¿Por qué haces eso? —
— Jajaja, ¿a poco eres tan inocente? — me contestó, con otro de sus guiños. — Pues para ganar dinero. —
— ¿No les deja la Cocina? —
— Sí, pero… no lo suficiente. — dijo ella. — Hay veces que apenas alcanzamos. —
— Ah. — Sabía lo que era eso. Cuando yo fui niño y adolescente a mis papás nunca faltó dinero, pero tampoco sobró: hubo meses que sólo comimos papas y frijoles. No fue hasta que llegué al DF que supe lo que era vivir hambreado, con apenas lo suficiente para comer. — Y… ¿por qué o cómo empezaste o… qué?
— ¿Y para qué quieres que te cuente eso? —
— No sé. Si no quieres no me cuentes. — le dije.

Realmente no sabía que estaba pasando. Aquello se había vuelto algo muy raro. De buscar un acostón o de conseguir una nalga, habíamos pasado a confesiones muy personales e íntimas. Gloriela me daba confianza, había algo de calidez en ella. Cuando le conté mi vida podía ver que me estaba escuchando y que le interesaba. Al menos debía hacer lo mismo con ella.

— ¿Sabes qué? — me dijo, poniéndome su mano en el muslo. —Siempre sí quiero esa cerveza. — Yo empezaba a tener una erección.
— Ahora vuelvo. — Aproveché la ida a la cocina para acomodármela

— El tío fue ahorrando un poco de su sueldo. Cuando tuvo lo suficiente puso la cocina, pero al principio no nos fue muy bien. Estuvimos como tres semanas comiendo lo que sobraba. Un día vinieron Santos y Carrillo de la Secretaría. Me estuvieron echando el ojo todo el rato.
— ¿Sergio Carrillo? ¡Ese es mi jefe! — le dije.
— Sí… ya sé. Por eso te pregunté si trabajabas en la Secretaría. Santos regresó a la hora de cerrar. Llegó con chofer y todo. Me ofreció ir a un bar. Yo no quería, pero… pues necesitábamos el dinero.
— Unos días después vino Carrillo. Me llevó a otro bar. Me compraban cosas y me daban dinero.
— Y… y… “El Tío”, ¿qué dijo? — le pregunté.
— Pues, ¿qué iba a decir? No le gusta que su ahijada ande de puta, pero no teníamos dinero. Se había gastado todo en poner la Cocina y no estaba funcionando.
— Carrillo un día habló con él. Le dio una lana y le prometió que me iba a cuidar. No sé qué más le dijo. Desde entonces está un poco más tranquilo.
— Ufff… quién lo hubiera pensado…— le dije.

Durante su relato mi mano había caído a su hombro y ella había puesto su cabeza en mi hombro. Su mano seguía en mi muslo, dándome un calor en el cuerpo.

— Hay veces que Carrillo o Santos vienen con alguien más y me lo presentan. Yo les digo si me animo o no. Hace como un mes que nadie viene. Si ellos vienen solos, siempre les digo que sí. —
— Nunca lo hubiera imaginado. — le dije. Para entonces yo estábamos muy cerca, demasiado cerca. No supe qué más hacer cuando ella terminó de hablar. No lo pensé… me incliné y la besé.
Ella dudó por un segundo y respondió con fuerza.

— Esto no se lo cuento a las personas. — me dijo. — Las vecinas no me bajarían de puta. —
— Entiendo — le dije. Aunque no estaba muy seguro de entender todo lo que me había dicho. — No tienes que preocuparte. No le voy a decir a tus vecinas. —
— Jajaja. — se rió con muchas ganas. — Eres simpático. —me dijo, y me tocó el vientre. Su toqué me volvió a encender, me prendió al instante. — ¿Quieres dormir? —
— Sí. — le dije, pero dormir, era lo último que tenía en mente en ese momento. La miré a los ojos por un segundo y me di cuenta que también era lo último que ella pensaba.
La tomé de la cintura y nos fuimos al cuarto.

* * * * *


Y así fue como empezaron las cosas entre Gloriela y yo.

Ese Lunes fui a comer como siempre y “El Tío” se acercó a mi mesa por primera vez desde que había empezado a salir comer allí.

—Buenas tardes Licenciado— me dijo, mientras me lanzaba una mirada de arriba abajo.
—Buenas tardes— le contesté con un bocado de bistec atorado en la garganta, mientras esperaba a que el escaneo al que me estaba sometiendo terminara.

Al parecer pasé el examen por que “El Tío” agregó: — ¿Todo bien? —
—Sí, — contesté yo, no muy seguro si se refería a la comida o a la noche del viernes.
—Bueno, — me dijo —nomás con cuidado. — y se dio la vuelta y se fue. Con eso ya no tuve duda de a que se refería.

8 comentarios:

  1. :D habia esperado la continuación! ojala no se meta en graves problemas jejeje
    besos

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  2. Muy buen relato. Ya sé que dices que es ficción pero igual tengo que preguntar si no habrá algo de autobiográfico en esta historia.

    Saludos y feliz 2015.

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    1. Gloriela es ficción, pero algunas ideas están basadas en la vida real: la fonda es similar a algunas en las que comí en el Distrito Federal, la idea de una mesera “bien buena” salió de unos compañeros que así se referían a la chica que atendía una de estas fondas (por cierto que la chica no estaba tan bien, más bien le tiraba entre gorda y gordibuena), el modo de trabajo en la Secretaría sin nombre es similar a lo que observé trabajando para Hacienda, etc.

      Sin embargo, lo único autobiográfico en el relato es que cuando me mudé al DF por primera vez, mi departamento era horrible y muy pequeno.

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  3. Eres mexicano? si es así, me parese genial que escribas tan bien. He visitado muchos blogs pero la gran mayoria siempre han sido de chicos españoles, argentinos, chilenos etc.
    Me uno desde ahora a tu blog, seguire la historia y tal vez en tu historia se refleja un poco de lo que si puedes encontrar en México en cualquier dependencia de gobierno. En mi caso las secretarias de Salud ahí esta lo mero bueno. Bueno en mi caso así ha sido.
    Te mando un abrazo enorme.
    mi blog es yake-kinky-kidboy.blogspot.com
    Pasate por el cuando gustes vale.

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    1. Sí, sí soy mexicano (y a mucha honra, jajaja). Bienvenido a Alex Rebooted.
      Creo que en cualquier lado donde haya burocracia se dan historias para contar.
      Me daré una vuelta por tu blog.

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  4. Pensaba que no era ficción, igual es muy entretenido.

    Beso

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    1. 100% ficción mi Malque. Eso si, el proposito es entretener.

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