viernes, 23 de febrero de 2018

Crónicas De Amsterdam – II – La Primera Noche: Jueves

Como ya se contó en la entrada anterior la fiesta navideña de mi compañía fue en Amsterdam y hacia allá nos dirigimos.

Cuando puse el contexto de esta saga me faltaron detalles MUY MUY importantes. Por ejemplo, los dos compañeros que me resultaban antipáticos ya habían renunciado (gracias a Dios!).
Pero el detalle que tiene más importancia en la historia es que unos días antes del viaje mi celular se cayó desde la risible altura de 30cm (desde el sillón al piso!) y la pantalla murió completamente. Después de unos intentos fallidos de repararlo o de obtener un remplazo a precio razonable, tuve que enfrentar la triste realidad: había que comprar uno nuevo a precio completo.
El único que podía pagar se iba a tardar unos días en llegar. De hecho iba a llegar cuando yo estuviera de viaje en Amsterdam. Me resigné a viajar sin celular. Pensé: “Siempre pienso que no debo ser adicto al celular. Tres o cuatro días sin teléfono, ¿qué tan malo puede ser?” (lo cual sólo prueba que no tenía idea).
Así que me embarqué en mi viaje, armado con una tablet (a la cual le fallaba el botón de encendido) y un libro gordo gordo gordo. Ambas decisiones resultaron ser errores…


En fin, después de un vuelo sin incidentes por fin llegamos al aeropuerto. Mi compañero de Nepal y yo, siendo los únicos non-EU tuvimos ha hacer fila en la larguísima cola de inmigración. Allí fue cuando me arrepentí de estar con él y me dio un poco de coraje, por que no tiene paciencia para esperar: “esa fila se mueve más que la nuestra”, “llevamos 5 minutos aquí”, etc, etc. Yo decidí responder amablemente con un “ten paciencia, lee un libro, haz un sudoku en tu celular”, sin éxito. Después de 10 minutos, opté por cortar estos intentos de semiconversación mediante el uso de mi tablet para leer comics (si mal no recuerdo, una de esas aventuras donde Havok & Wolverine pelean con una banda de fanáticos que rinden culto a los faraones antiguos… anyways).

Ya del otro lado, hubo que tomar taxis, ya que la super compañía nos había hecho el gran favor de reservarnos habitaciones en un hotel del otro lado de la ciudad. Al llegar al hotel tuvimos el primer incidente no planeado de la noche:
Las reservaciones habían sido hechas con meses de anticipación y no se habían ajustado cuando las personas a quienes se les reservó dejaron de trabajar para la compañía. Así que tuvimos que lidiar por media hora con la recepcionista del hotel para tener cuartos.
En fin, el hotel era… bueno… dejémoslo en “basic”: un EasyHotel que cumple con los mínimos requisitos para ser llamado hotel.


Ya una vez que todos tuvimos cuartos de hotel, se nos unió un compañero que trabaja para la empresa por contrato, pero que nunca habíamos conocido (vive en Finlandia). Con quien por cierto me tocó compartir cuarto.

Este fue el día con plan más sencillo, y por lo tanto salió bien. Fuimos a cenar (de mínimo la empresa pagó) en un restaurante muy famoso de costillas y carne. Estuvo muy bien, y la cena fue bastante agradable ya que me senté lo más alejado que pude de los dueños de la empresa y cerca de los 2 compañeros que me caen bien.

Después de la cena, sería cerca de las 11pm, los jefes nos llevaron a un club, recomendado en el restaurante. Según esto, uno de los mejores club en Amsterdam, muy “in” en estos días. El club era muy extraño: un sótano semi-convertido en club nocturno, con una pista de baile reducida, y mesas pequeñitas donde poner los tragos (con espacio para sólo 2 o 3 botellas o vasos). ¡Ah! Y mucho, mucho, mucho, mucho humo de discoteca. Bueno, no es que fuera extraño, si no más bien que era algo muy cotidiano y ordinario para estar tan en boga (estaba atestado!).
Apenas pasados 15 minutos, el más sangrón de los jefes decidió que no le interesaba estar con los empleados que estaba muy cansado y desapareció sin despedirse más que del otro jefe.

Obviamente era imposible conversar allí más que a gritos, y después de una hora o algo así los chicos decidieron que era tiempo de ir a buscar uno de esos famosos cafés donde se puede comprar algo “especial” que fumar. Dejamos el “comfort” del club para ir a buscar el mentado café. Según los muchachos se iba a hacer una selección para juzgar si la droga que vendían era buena o no, pero… como todos andábamos un poco tomados, entramos al primero que encontramos.

Ordenaron lo que ordenaron y comenzaron a fumar. Yo, obviamente no le entré ya que no fumo ni tabaco. Entramos a un billar, donde inmediatamente pedimos ronda tras ronda de cerveza (hey, la empresa estaba pagando). Mi compañero programdor, el nepalí de repente se sintió muy mal: la mariguana le había pegado mal y mi otro jefe tuvo que llevarlo al hotel en un taxi.
Un par de horas después, no era tan tarde, tal vez la 1 o 2am los demás regresamos al hotel.

Esa noche la pasé bien y disfruté bastante. De las demás, ya se hablará…

8 comentarios:

  1. Ups! Espero que cuentes pronto que pasó. Pinta lindo pero no sé en qué dirección vas... Jeeeee...

    Besos!

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    1. Creo que fue el mejor día. Ya veremos que opinan de los siguientes días...
      Un saludo!

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  2. Seguramente yo también me hubiese ido al hotel antes del "café". Ese tipo de planes me suelen dar pereza.

    Lo cierto es que todo esto pintaba más aterrador en la anterior entrada.

    Un saludo.

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    1. Precisamente después de este viaje en Amsterdam, esa es mi política para todos los eventos sociales de la compañía.
      Este día creo que fue el mejor por ser el más tranquilo, nada salió mal.
      Ya me dirás que dices de los siguientes episodios.

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  3. Coincido con David, me esperaba un pequeño apocalipsis y de momento la cosa estuvo bastante divertida, con buen rollete y tal, ¿no?...ya veo que debo de temerme lo peor, jajaja.
    Un abrazo bien grande y que vaya bien la semana, amigo.

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  4. Paciencia mi pequeño saltamontes... ya se verá lo que pasa en los siguientes días...
    Un abrazo de vuelta, ¿cómo te va en el trabajo?

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  5. Hola, Alex. Qué aventura. A mí me resultaría extraño irme a un local de diversión con gente con la que no tengo mucho "feeling", y con los jefes me sentiría observado, estudiado..., en fin, incómodo, ya me entiendes. Bueno, a ver qué pasó después de la fiesta. Un abrazote, compañero.

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    1. Pues, es que no tuve opción. Era ir al viaje o ir al viaje.
      Los jefes... bueno... son más jóvenes que yo. Uno, tiene actitud medio sangrona, así que se mantiene aparte de nosotros, casi sólo le habla a los que hablan inglés como lengua nativa.
      El otro... pues es más accessible, pero a veces peor: según él todos somos "amigos", excepto cada vez que recuerda que somos sus empleados.

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