El pasado mes de Abril (aparte de lo ya relatado en este post) hubo
otro evento feliz.
Hace
algunos años, cuidamos el gato de unos amigos de Jonathan en varias
ocasiones. Esta vez, nos pidieron que lo cuidáramos por unos meses
en nuestra casa mientras ellos remodelaban la suya.
El
problema es que el gato ya tiene bastantes años y un gato nuevo en
el vecindario (más jóven, más grande y feroz) lo había atacado
varias veces y dejado en un estado lastimero.
A
nosotros nos gusta cuidar de él, así que aceptamos y nos lo dejaron
en nuestro flat los primeros días de Abril.
Por
casi un par de semanas el gato se quedó casi refugiado en el cuarto
donde nos lo dejaron, ya que se veía que el cambio lo había
afectado mucho y que no le gustaba estar en ese ambiente extraño.
Pasados unos días, cerramos la puerta para impedirle regresar a su
refugio y forzarlo a quedarse con nosotros mientras veíamos la tele.
Con
mucha cautela procedió a tomar un sitio en el sofá.
Fast
forward a Diciembre, hay que forzarlo a hacer espacio en el sofá
para ver la tele, ya que se considera dueño y señor del flat.
Y es
que a finales de Agosto, cuando estábamos por salir de vacaciones,
al contactar a los dueños, nos ofrecieron quedarnos con él. Allá
con ellos, el gato se tendría que convertir en recluso forzado, ya
que el “gato feroz” (jajajaja) ha establecido un reinado de
terror entre los antiguos pacíficos vecinos. Con nosotros, una vez
que se adaptó al nuevo ambiente, el gato sale y pasea por horas,
pero ha regresado sano y salvo, feliz de seguir vagando.
Aceptamos felices, ya que nos encariñamos bastante con él. Y creo
que él también está feliz de recibir tanta atención.
Así
que bueno, sin further ado, aquí les dejo algunas imágenes de Max,
el mejor gato del mundo:
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| Mostrando su elegante collar. |
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| En el sofá, apropiado de los cojines |
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| Sobre mis piernas, contrastando con el colorido sarape. |
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| Poniendo cara de mal genio al posar para la selfie. |
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| Demostrándole a las pantuflas quién es el dueño de la situación. |





Qué maravilla, Alex. Se ve un animal precioso, y me gusta eso de que no lo dejen encerrado, sino que se tome su libertad. Yo también adoro los gatos, siento que tengo una conexión especial con ellos. Varias veces me ha ocurrido de estar caminando por la calle y escuchar unos maullidos de algún gato desconocido que me llama para que lo saque de algún problema. Es extraño, y parece de locos, pero me ocurre. Te deseo toda la felicidad con ese bello negrito,... el gato quiero decir, jeje. Un abrazote :-)
ResponderBorrarYo a veces acaricio o llamo a los gatos que veo en la calle, pero nunca me han llamado a auxiliarlos! Qué bonito!
BorrarHasta ahora, casi todo es felicidad con el gato!
Ahhhhhhhh me encantaaaaaa. Como amante de los felinos que soy te doy mi más sincera enhorabuena porque creo que tener un gatete en casa incrementa de manera exponencial la felicidad de los inquilinos del lugar. Al gato se le ve fantástico en su papel de propietario de la vivienda, jajaja, ¡si es que son así, que bichines!
ResponderBorrarUn abrazo muy grande a los tres habitantes de la casa, ¡y feliz tiempo pre-navideño!
Angelito! Sí, la verdad nos ha hecho muy felices el tener a Max, nos la pasamos haciéndole cariños, platicando con él, etc.
BorrarIgualmente un abrazo navideño a ti, que tengo semanas queriendo comentar en tu blog y por causas de fuerza mayor, no he podido.
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