domingo, 20 de noviembre de 2016

Esto También Sucedió En Un Tren

Hace tiempo, semanas antes de lo que conté en el post pasado, digamos en Junio, regresaba yo del trabajo hacia mi casa. Recuerdo que esta ocasión iba no tan tarde, pero apenas conseguí un asiento. Poco después de que me senté el tren se llenó por completo.

Mirando sobre mi libro noté que en los asientos del otro lado del vagón, junto al pasillo había un alguien vistiendo shorts de football. Excelentes piernas!

Sin embargo la cara del tipo estaba oscurecida por la mochila de alguien más.


Tuve que esperar un par de estaciones hasta que algunos pasajeros descendieron en West Ham. Terrible decepción: era un hombre bastante feo. Era un muchacho de raza hindú pero muy poco agraciado, terrible acné y muy feo.

(Paréntesis necesario: sí, aprecio la ironía de que alguien como yo, que siempre se ha quejado que por mi defecto facial la gente me rechaza se ponga a categorizar a las personas en “poco agraciados”.)



El tipo también iba mirando a su alrededor, echando un ojo a todos los demás pasajeros. Nuestras miradas se cruzaron y así permanecimos por unos momentos. A partir de ese momento varias veces que levanté la vista, lo encontré mirándome.


Yo estaba jugando Sudoku en mi celular, pero dos o tres veces vi que él me miró e hizo gestos notorios apuntando al suyo, creo que me esperaba contactarlo en alguna aplicación. Lo que él no sabía es que no tengo ninguna app en así en mi celular.


Así avanzamos en nuestro trayecto. El tren comenzó a vaciarse un poco, no completamente, pero lo suficiente para que él se pasara a uno de los asientos de la banca frente a mi, en el mismo lado del tren que yo iba.


Aprovechando el espacio el joven procedió a hacer “manspreading” lo que me permitió una buena vista de sus bien formadas piernas. Y en caso de que no supiera de lo que se trataba el asunto, el tipo en varias ocasiones se apretó el paquete discretamente mientras me miraba, como para no dejarme ninguna duda.

Traté de responder de manera indiferente (no tenía interés alguno), concentrándome en mi sudoku o en mi libro, pero claro que la vista de esas piernas y esos apretones de paquete me distraía.


El pasajero que iba directamente frente a mi bajó del tren, dejando espacio libre. El tipo aprovechó la oportunidad y se situó frente a mi, junto a la ventana. A mi lado creo había un asiento vacío y luego otro pasajero, leyendo el periódico.


Ya habíamos avanzado dentro de Essex, cuando el tipo hizo su jugada: movió su pie para chocar con el mío y cuando levanté la vista colocó su mano en su entrepierna e hizo otro de sus apretones de paquete. Yo moví mi pie, alejándolo del suyo y volví la mirada hacia mi celular.


Un par de minutos después, el tipo repitió el truco, tratando de dejarme en claro el asunto. Yo lo miré, recogí mis pies para que no hubiera contacto alguno e hice un gesto negativo con la cabeza. NO.


No sé si al tipo le pareció incomprensible mi negativa, pero minutos después se repitió la escena: su pie chocando con el mío, miradas cruzadas, apretón de paquete por su parte, negativa obvia por la mía. Decidí buscar un asiento en otro lugar, esperando la siguiente estación para que más pasajeros se bajaran del tren.


No hubo necesidad. Tal vez mi tercera negativa por fin consiguió que el mensaje le entrara en la cabeza. El tipo se levantó y se dirigió a la puerta, pero me volteó a ver, dirigiéndome una mirada de odio terrible. Yo desvié la vista sin entender su problema, digo, no es a fuerza, o sí?


Cuando bajó del tren y las puertas se cerraron volteé a mirarlo una vez más. La última vez que lo vi, el me estaba dedicando su dedo del medio mientras el tren me llevaba lejos…


Lo que le pasa a uno por andar mirando piernas…