jueves, 24 de marzo de 2016

Con Amigos Como Yo, ¿Quién Necesita Enemigos? – TV 2

Hace unos años, de visita en casa de mis padres, me encontré en la calle con una excompañera de escuela: TV. A regañadientes accedí a ir a tomar un par de cervezas con ella. A pesar de mi reticencia, resultó que ella estaba muy emocionada de verme e incluso me quería presentar a su nuevo amor.

TV se deshacía en elogios hacia el mentado pretendiente. Después de una hora de que habíamos llegado al bar y con un par de llamadas al interfecto TV anunció:

Ya viene para acá. –

Por las descripciones yo me imaginaba un heroico guerrero, mezcla en partes iguales de Sansón, Beowulf y Popocatépetl, líder de hombres y bestias, millonario pero sencillo, una mezcla de Robert Redford y Brad Pitt estilo mexicano, yo que sé.

El hombre que se acercó a nuestra mesa era un hombre chaparrito (de mi estatura), bastante moreno, de cuarenta y tantos años (más cerca de los 50), medio panzón (o panzón y medio), ataviado con el típico traje caro de la clase (alta) ejecutiva mexicana.

F (de Fulano, por que no recuerdo su nombre) le dio un beso muy cariñoso a TV y se presentó conmigo dándome un firme apretón de manos. Por su trato era obvio que aunque no era alguien completamente desagradable, estaba acostumbrado a tener trato preferencial y obtener lo que quería, cuando lo quería y justo como lo quería. La manera en la que le habló al mesero no dejó dudas. Con la plática salió que el señor era hijo de una familia adinerada, con varios negocios y compañías.

Frente a ese despliegue de fortunas, la verdad yo me sentía inadecuado. ¿Qué tenía yo para mostrar éxito en mi vida? Ni casa, ni carros, ni negocio propio, ni fortuna.

TV intentó otro sondeo sobre mi vida personal, más preguntas que evadir. Esta ha sido una de las pocas ocasiones en que tuve la buena intuición de no revelar nada sobre mi vida personal. Para desviar las preguntas, utilicé la estrategia más obvia: les pregunté sobre ellos.

Aparentemente se habían conocido en un evento de ex-alumnos del Tec de Monterrey y él había caído a los pies de TV. Como estábamos “en confianza” (siendo yo amigo de ella por tantos años) me contaron sus más oscuro secreto: el noviazgo había sido un poco problemático debido a un detallito: la esposa de él.

Hubo el recuento de que su ex-esposa era una arpía interesada y que “no le dio el divorcio” hasta que no quedó satisfecha con las condiciones económicas. Durante ese periodo sus encvuentros fueron clandestinos, ya que hubiera perjudicado las considiciones de divorcio. Tomó tiempo, pero el obstáculo fue superado gracias a la intervención de amigos y abogados y F quedó libre. Aún así esperaron un poco para hacer el noviazgo oficial.

TV estaba bastante emocionada de verme, y confieso que me hizo sentirme un poco mal el hecho de estar tan a disgusto. Aduciendo cansancio les dije que ya me iba.

No, cómo crees? – me dijo él. – Si apenas vamos empezando, de este lugar – y el tono no dejaba dudas a que el lugar estaba muy por debajo de sus expectaciones – nos vamos al "tal-por-cual" bar. – Póngase el nombre de cualquier antro/bar en boga en aquellos días en SLP.

¡Sí, vamos! – replicó ella. – Allí se está mucho mucho mejor y nos la vamos a pasar muy bien. –
No, no puedo – me negué categóricamente – la neta estoy muy cansado y no traigo dinero. – Pensé que esa excusa no me fallaría.

Quisiera decir que el prospecto de pagarme entrada y tragos en aquel lugar los hizo dudar o algo, pero no sería un justo retrato. No les hizo huella en el entusiasmo.

 – Ay, no te preocupes por eso – dijo ella. – Allí vamos seguido y no es tan caro –

Obviamente ese “no tan caro” era una cuestión de perspectiva.

No, no – les dije. – Miren nada más como ando vestido, y no me he bañado y además de a gratis. No, es demasiado. ¿Cómo ven si lo dejamos para otra ocasión? –

Ay, pero no seas así – dijo ella ordernando más cervezas al mesero – tómate otra. A ver, ¿cuándo vuelves a venir? Hay que planear para vernos. –

Mierda, pensé yo. No hubo escape.

viernes, 18 de marzo de 2016

Problemas, Problemas Y Más Problemas

La forma en la que me he sentido en mi trabajo durante las últimas dos semanas se puede resumir con esta ilustración:



Y es que ha habido tantos issues que la verdad no he tenido ganas ni ánimos de escribir. Si todo mejora espero postear la siguiente Ingenua Confesión la próxima semana.

martes, 1 de marzo de 2016

Ingenuas Confesiones De Una Ingenua Juventud: Otra Vez El Músico – 5 –

Para las otras partes de esta confesión, click aqui.



A diferencia de la vez anterior que el Músico me llevó a una fiesta, esta no fue un desastre.
O, por lo menos, no fue un desastre desde el primer momento.

Esta vez era una fiesta con amigos más íntimos del Músico. Menos actitud de niños ricos. El Músico me presentó a varios de sus amigos de cuando había estado en la Universidad y eran todos bastante agradables. Aún así no me sentí muy incluido porque la mayoría de la plática giró alrededor de fútbol y mujeres. El Músico sabía bastante del primero y fingía bastante bien interés en lo segundo. Yo era completamente ignorante de ambos.

El Músico me señaló a un tipo a evitar: era amigo del señor X. No intentamos escondernos ni nada, solamente evitarlo. Aunque en la casa en la que era la fiesta, era imposible no toparse con él. Se suponía que todos en la fiesta eran amigos o conocidos, pero era obvio que había grupos y grupos.

Aparte de eso el Músico hizo cierto esfuerzo en presentarme a uno de sus amigos, llamémosle Miguel.
–  Mira Alex, allí está Miguel. Vamos a saludarlo. –
– ¿Quién es Miguel? –
– Un amigo de la Universidad. Miguel sale con un amigo de Daniel – me dijo el Músico al oído, sólo entre nosotros – pero es muy buena onda. –

Parecía que no había escape del ex de Músico. Sin embargo el tal Miguel era bastante agradable, más simpático que todos los otros amigos del Músico (aunque de acuerdo con el Músico sus gustos musicales eran terriblemente poperos).
Mientras el Músico tocaba algunas rolas me quedé platicando con él. Eventualmente la conversación se dirigió al tema de las relaciones.

– ¿Así que andas con el Músico? –
– Eh. Uh. No. Solamente somos amigos. – dije yo – Creo que él anda con alguien mas. –
– ¿Ah sí? ¿Con quien? – me pregunto ávidamente.

Y aunque yo era ingenuo comprendí que tal vez la había hablado demasiado.

– No sé, no le he preguntado. – Traté en vano de corregir mi error...

Cuando el Músico regresó con nosotros, yo quise decirle que la había regado pero no hubo la oportunidad: el tal Miguel no nos dejó solos.

– Y hace cuánto que se conocen? – preguntó Miguel.
– No sé, unos meses – dijo el Músico –. ¿Tú te acuerdas Alex? –
– Desde mitad del año pasado – dije yo.

Contra lo que yo me esperaba el Músico no tuvo problemas en decir que él y yo habíamos salido algunas veces, pero que de allí no había pasado la cosa. El Músico recibió llamadas en su celular, pero no las contestó. Cuando dejó de sonar me mostró el número: El Señor X.

– No deja de darme lata, – me comentó en comentario local, obviamente excluyendo a Miguel – ya me está hartando. –

La fiesta continuó y continuó. Yo que no tomaba tanto en aquellos días, tomé bastante más de lo que quería. El Músico se iba a tocar algunas canciones y regresaba a donde Miguel y yo estábamos. Amigos de ambos llegaban a platicar con el Músico y con Miguel. Cervezas y cubas aparecían y eran consumidas.
De repente, casi a las 2 y media de la madrugada, me di cuenta de que no había visto al Músico en un largo rato, tal vez más de una hora.
Tal vez lo que me había distraído era la discreta mano de Miguel que dibujaba figuras en mi espalda.
O tal vez sería que yo estaba enfocado en corresponderle.