lunes, 17 de agosto de 2015

Ingenuas Confesiones De Una Ingenua Juventud: Otra Vez El Músico – 2 –

Para las otras partes de esta confesión, click aqui.



Hace muchos años, cuando yo era joven e ingenuo (como opuesto a viejo e ingenuo) tuve un rápido reencuentro en la disco gay con aquel Músico con quien había salido por unos meses.

Al dia siguiente yo estaba con la incertidumbre, tratando de pesar las cosas en mi mente:
Ciertamente el Músico y yo habiamos terminado por éramos incompatibles
Pero el Músico era quien me habia buscado a mi.
Pero andaba con otro.
Y yo andaba solo, abandonado y deprimido y otro idiota me traía mal (y tampoco tenia prospectos de nada con nadie)
Sin embargo, ya conocía como se las gastaba el Músico.
Le estuve dando vueltas a esos argumentos en mi cabeza por varias horas, hasta que se me ocurrio que, conociendo al Músico, de seguro no me iba a llamar. Decidí que iba a tratar de no emocionarme ni desilusionarme si no me llamaba.

Dicha resolución resulto inútil puesto que a media tarde sonó mi celular.
– Alex, cómo estas? – me saludó en cuanto contesté - Quieres venir a mi casa a escuchar música? –
Y si bien yo era ingenuo, tampoco era para tanto, inmediatamente entendí que ese "escuchar música" era un eufemismo.
En ese momento mi entrepierna trató de hacer un golpe de estado y tomar control. Por suerte las tropas del cerebro lograron detener la insurrección.

– Uy, no sé Músico. La verdad ahorita quiero salir de mi casa. –
– Quieres ir por un café, entonces? – me preguntó él.

Acepté, diciéndome que no iba a hacer nada con el Músico, a pesar de estar de andar como andaba.
El Músico paso por mi en su terriblemente viejo vochito, y me llevó a conocida cafetería de mi ciudad, donde me procedió a invitarme café y pastel.
Confieso que me sentí realmente animado por el hecho de que alguien me estuviera buscando y me estuviera tratando bien.

El Músico y yo estuvimos conversando amenamente por un buen rato. Y si él puso su mano en mi muslo mientras platicábamos, yo pretendí no notarlo. Y si yo puse mi mano en su muslo un par de veces, a él no le molestó.
La situación cambió repentinamente cuando sonó mi celular y resultó ser aquel otro tipo que me traía deprimido y que la noche anterior me había abandonado.
– Qué pasó? Dónde andas? – me dijo.
– Pues nada, aquí con un amigo – le dije.
– Ah… y quién es? – me preguntó, un poco sorprendido al no encontrarme en mi casa todo deprimido.
Sintiéndome un poco mejor, traté de sonar como si la situación fuera algo mas de lo que era y logré darle algo de celos (pequeña e inútil victoria, pero algo es algo).

– Pinche Alex, – me dijo el Músico cuando colgué – sonó como si tu y yo fuéramos a hacer algo. –
– No era mi intención, – contesté – pero, pues uno nunca sabe…. –

Me dió un pequeño apretón en la rodilla y se rió.
– Así es, nunca se sabe… Quieres ir al mirador? – me preguntó.

Sin pensarlo mucho, le dije que sí.