miércoles, 26 de noviembre de 2014

Ficción: Gloriela — 2 —

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No creo que ninguno de los dos no pensara en acabar en la cama esa noche. Yo sí quería, pero no se me ocurrió que terminaría en lo que acabó.


El café se prolongó por una hora. Luego, unos tragos en un bar, ella unas cubas y yo unas cervezas. Después nos fuimos a mi departamento.


— No pensé que viviera en un lugar tan pequeño Licenciado.

— Pues es lo primero que conseguí. — confesé, un poco avergonzado. El lugar era como una caja de cerillos. Un cuarto, un comedorcito con cocineta, un baño. Era barato y lo podía pagar. Además, me podía ir caminando al trabajo.


— ¿Me puedo sentar aquí? — preguntó ella, tal vez sintiendo mi vergüenza.

— Claro, claro… — Había comprado un sillón usado, se veía viejo pero era muy cómodo. — ¿Quieres algo de tomar? Tengo cervezas.

— No gracias Licenciado. —

— Ya te dije, dime Luis. —

— Sí Li… Luis. —


Era un poco raro. Ambos nos sentíamos un poco tensos en el departamento. La plática había fluido muy bien en el café y en el bar, pero ahora ambos estábamos incómodos. Creo que los dos sabíamos lo que seguía, pero ninguno quería abordarlo.

Me senté junto a ella.


— ¿Está nervioso? — me dijo, mirándome a los ojos.

— Sí. Un poco. —

— ¿Por qué? ¿Le doy miedo? —

— ¿Eh? No, no claro que no. Es que… hace mucho tiempo que no… Sólo me pongo nervioso. —

— ¿Por qué mucho tiempo? —


Hasta el día de hoy no sé por qué se lo le expliqué, hubiera podido cogérmela y ya. Pero llevaba mucho tiempo guardándolo. Le conté todo. De cómo mi novia me usó por dos años para que le comprara cosas mientras ella cogía con quién se le antojaba. Que mi primo la había comprado con una casa, un carro y una boda grande. Que mi familia me hizo tragarme mi orgullo e ir a su pinche boda.


Que los odiaba. Que un día me lo encontré en la calle y le reclamé. De cómo nos peleamos y me partió la madre, hasta al hospital me mandó. Que ella me fue a visitar y me dijo que debía dejarla ir, que ya estaba feliz.

Por eso me había ido al DF. Para huir de ella, de él, de mi familia, de los recuerdos.


— ¿Y todavía la quieres? — me preguntó.

— No. —

— ¿Seguro? —

— Sí. —


Le platiqué el resto de mi historia: había logrado alejarme, pero los primeros meses en el DF estuve muy deprimido. Mi primer trabajo no había sido muy bueno y tuve que renunciar. Así aprendí que no hay decepción amorosa que sobreviva a un mes de desempleo y falta de comida…


Ella me contó un poco de su vida. Sus papás vivían en Taxco y tenía dos hemanos más chicos que ella. Ella se había venido a vivir con su tío ("el tío") desde hacía casi cuatro años. A veces iba a ver a su familia, pero cada vez menos seguido.

Había intentado hacer la prepa, pero reprobó dos veces ("es que soy rebruta" me dijo). También sabía hacer muchas otras cosas.


— Cuando llegué mi tío me consiguió chamba de chacha con una conocida suya. También cociné en un restorán y trabajé en una tienda, pero me corrieron por que le caí mal a la gerente.

— A veces le cuido los niños a una vecina, en las noches, cuando se va a buscar a su marido por que es bien pedo. Y los domingos voy con el tío a Abastos a comprar toda la comida de la semana, y ponemos los frijoles. —

— Jajaja. ¿A poco cocinas el domingo? — le pregunté.


Luego vino la mayor confesión. Me miró a los ojos y me dijo:

— También le taloneo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Limpia 2014

Hoy, 24 de Noviembre, es el decimoprimer aniversario de mi primer post en mi blog anterior.
Continuando con la idea del año pasado, acabo de eliminar un año de entradas de Delirios. Todo el 2010.
Esto de la limpieza, a veces me da nostalgia. Pero, bueno, ya lo había decidido y ahora tengo que reafirmar mi decisión.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Missed Connections — 2 —

Después de un encuentro inesperado con dos viejos conocidos en la disco gay, quedé de verme con ellos en el mismo lugar la siguiente semana.
Llegó el sábado y yo estaba muy emocionado: por fin había hecho amigos en el mundo gay! Ya tenía alguien con quien salir, o de mínimo, con quien hablar. Como siempre, llegué a la disco temprano para aprovechar la oferta de dos cervezas gratis con el cover. Lalo y Carlos habían quedado de llegar a las 11 y yo los esperé... Y los esperé... Y los esperé... Fueron llegando a las 12 y media o así y de puro milagro nos encontramos en la disco.

La situación fue muy diferente a la semana anterior. La conversación no fluía. Yo preguntaba algo y solo recibía respuestas monosilábicas. Yo estaba medio wey y no entendí bien que pasaba. Tomaron un par de cervezas, José Eduardo fue al baño y yo me quedé con Carlos. Platicamos por un buen rato, pero Lalo nada que volvía.
De repente el celular de Carlos sonó: era Lalo. Había salido de la disco y ya iba camino a su casa.

— ¡Siempre es lo mismo con este cabrón! — exclamó Carlos. — ¡Ya no aguanto sus pinches sus berrinches! —

Carlos estaba que echaba chispas. Resultó que se habían peleado antes de ir a la disco (yo como buen menso no había captado la tensión), “habían hecho las paces”, pero los dos seguían con el coraje a todo lo que daba. Carlos y yo compartimos un taxi de regreso a la civilización, ya que ambos vivíamos por el mismo rumbo.

Carlos me llamó unos días después, contándome que ya habían arreglado todo y que andaban muy contentos. Nos volvimos a encontrar en la mismo disco unas semanas después y de nuevo nos la pasamos muy chido

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Para no hacerles el cuento largo nuestra amistad duró poco menos de un año. Pronto salió a la luz un patrón muy evidente: Lalo y Carlos estaban de maravillas, Lalo hacia un berrinche tremendo por alguna cosa insignificante y se peleaban, unos días después se volvían a contentar. Otras veces sólo veía a Carlos, porque Lalo no contestaba su teléfono y nadie (ni el propio Carlos) lo podía encontrar.
Después de unos meses así, decidí poner cierta distancia porque era obvio que había algo raro. Aún los veía de vez en cuando, pero la verdad era puro conflicto entre ellos. Además resultó que no compaginábamos mucho en gustos musicales o de películas ni nada.
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Un día salí con Carlos y platicamos un rato. El me contó que Lalo tenía problemas psicológicos, y que siempre los había tenido y que tenía etapas depresivas muy fuertes. En dichas ocasiones se encerraba en su cuarto y no salía por días. Otras veces se ponía furioso y no había forma de calmarlo. Y, la mayor parte del tiempo, era el tipo normal y agradable que todo el mundo conocía.

Carlos acababa de conseguir un buen trabajo en la Zona Industrial de San Luis Potosí y pensaba en rentar un departamento. Su plan original era vivir con Lalo, pero ahora dudaba si alguna vez lo iba a realizar. Parece que Lalo tenía fases durante las cuales era inaguantable, ya fuera por enojón o por deprimido.

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Los vi como pareja otras veces más en la disco, aunque antes de que acabara 2002 terminaron de forma definitiva (según esto). Varias veces me reuní con Carlos para tomar por un café o cervezas o de repente me mandaba correos.
La ultima vez que lo vi fue a principios de 2003 en la mentada disco, andaba bastante tomado. Yo también andaba un poco tomado. Tomamos un taxi que nos dejó fuera de su casa. Nos dimos unos besos, pero nada más. Yo caminé a mi casa y de allí no pasó la cosa.
Meses después yo me embarqué para Londres. Carlos y Lalo volvieron a salir de mi vida.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ficción: Gloriela — 1 —

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A Gloriela la conocí cuando trabajé en la Secretaría. Sólo nos daban una hora para comer y todos los restaurantes y fondas estaban hasta su madre. Le pregunté a uno de los polis por algún otro lugar para comer.

— Cruza la avenida y se va derecho tres cuadras. En el puesto de periódicos da vuelta a la derecha y allí luego luego hay una fonda bien barata. ¡Ah! – añadió con una sonrisota — Además la mesera está bien buena.—

Seguí sus instrucciones y pronto encontré la Cocina Doña Jose. Nunca supe quién era Doña Jose: el único cocinero, mañana y tarde, era un hombre panzón y moreno al que todo el mundo llamaba "el tío". Siempre traía un delantal sucio y una playera del Cruz Azul.

La mesera, que efectivamente estaba bien buena, se llamaba Gloriela.

— ¿Qué le ofrezco joven?— me dijo, con su libreta de notas, su eterno chicle y un guiño pícaro.
— Una comida corrida. — le contesté.

La apariencia de "el tío" no era muy buena, pero su sazón era excelente. La comida estaba muy buena y bastante barata. El lugar era obviamente una cochera convertida en negocio familiar: unas mesas de Corona y sillas de plástico, una cocina muy chica en la parte de atrás, refris con los guisos en trastes de plástico, en lugar de fregadero un lavadero.

A partir de ese día comencé a ir casi diario a la Cocina Doña Jose. Algo tenía el lugar que me hizo guardar el secreto. Cuando me iba a comer con los de la oficina íbamos a otro lado. Poco a poco Gloriela me empezó a hacer plática. Que si yo trabajaba en la Secretaría. Que si iba a ir al día siguiente. Que si se me antojaba un postrecito. En fin… lo nuestro fue un coqueteo que empezó muy despacio.


Había pasado menos de un mes cuando me preguntó:

— ¿No se queda al cafecito, Licenciado? — A ella no le importaba que apenas fuera pasante, desde el principio me llamó Licenciado.
— No. No puedo. —
— Mmm. ¡Pero si es viernes! —
— Pues sí, pero ya ves, tengo que muchos pendientes. —

Una desventaja de ser el asistente del subsecretario era que, aunque él salía de la oficina a la una y media, alguien tenía que quedarse a hacer todo el trabajo: clasificar las cosas en "Urgente", "No urgente" o "Rechazado"; contestar correos y un largo etc.


— Uy, qué se me hace que usted es bien negado, Licenciado. — sentenció Gloriela, mandándome otro guiño que hizo que algo se moviera en mi entrepierna. — Yo que se lo iba a invitar. —

— Bueno… no soy negado. Pero sí tengo mucho que hacer. — respondí mientras hacía un veloz recuento de mis tareas. Había algunas cosas que no podían esperar al lunes, pero de seguro el Lic. Carrillo ya había salido y no volvería. Tal vez… — ¿Hasta qué horas están abiertos? —


Gloriela retrocedió un paso, sonriendo. Me volvió a guiñar el ojo.
— Cerramos a las 5, pero yo salgo hasta las 5:30. —

Nunca supe por qué dije lo que dije. Tal vez fue por que Gloriela estaba bien buena. Tal vez fue por que llevaba seis meses en el DF y no tenía amigos. Tal vez fue por que la puta de mi ex novia me dejó por el culero de mi primo.

— Estoy aquí a las cuatro y media.

Pagué mi cuenta y me apresuré a la oficina. Separé todo lo que tenía que hacerse en el momento y lo que podía dejar para el lunes. Correos contestados. Una pila de documentos para que el Lic. los firmara cuando volviera. Aprobar una factura para pagos.

Pasaba de cuatro y media cuando salí de la Secretaría. Llegué a la Cocina Doña Jose ya casi quince para las cinco.

— Pensé que ya no iba a venir Licenciado. Ya cerramos. — Me dijo mientras ponía algunas sillas sobre las mesas. — Ya se quedó sin su café.
— Podemos ir a tomárnoslo a otro lado. —
— Mire, si no es tan negado como parece Licenciado. — me dijo, añadiendo otro de sus guiños.

La esperé mientras ella terminaba de cerrar. El tío me miraba con cara de pocos amigos mientras lavaba trastes.
Cuando Gloriela acabó se despidió del tío con un "hasta luego" y partimos…

domingo, 9 de noviembre de 2014

Missed Connections - 1

Esta no es una ingenua confesión, aunque comience con el mismo estilo.

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Hace muchos años (casi ya treinta) a mi primaria iba un niño, Carlos. Nunca fuimos amigos ni nada, él era un par de años mayor que yo aunque creo que solo iba un año delante de mi, pero teníamos amigos en común: su hermano menor, creo que se llama Juan Pablo, iba en mi grado pero en el otro grupo. No los conocía bien, los ubicaba porque vivían en una colonia vecina a la mía.

Nunca supe porque a Carlos, yo lo veía diferente que a los demás. Y creo que él también me veía diferente a mi.

Pasó el tiempo y Carlos y su hermano desaparecieron de mi vida, ya fueron a escuelas diferentes a las que yo fui. No pensé en Carlos por mucho tiempo.

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Años después, ya estaba yo acabando la prepa, cuando coincidí con José Eduardo. Él iba en mi paraescolar en los últimos semestres, así que eramos conocidos. No éramos muy amigos ya que él era un chico "cool" y tenía su grupito de amigos sangrones.
Al principio yo le tenía un poco de miedo, porque en primero o segundo semestre, a la salida de la prepa se había armado una bronca y José Eduardo le había metido unos golpes a otro alumno.
Sin embargo, cuando nos tocó hacer algunos trabajos en equipo, José Eduardo era muy callado y  buen pedo, cuando estaba sin su grupo. Inclusive un par de veces fue a mi casa a hacer trabajos.
También a él yo lo notaba diferente, y ahora ya sabía de que se trataba: José Eduardo era gay, mi gaydar lo detectaba.
Pasó el tiempo y José Eduardo también se esfumó de mi vida cuando salí de la prepa.
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Andaba yo en mi fase de aprendizaje gay, y frecuentaba la entonces única disco gay de SLP, el Sheik. Una noche, mientras esperaba mi cerveza en la barra, me encontré a José Eduardo. Él estaba muy cambiado: ya no era callado sino abierto y ruidoso. Inmediatamente me presentó a su novio.
El novio me resultaba vagamente familiar, hasta que me cayó el veinte: ¡era Carlos!

– Tu fuiste al primaria Niños Héroes, ¿verdad? – le pregunté.
– ¡Con razón me resultabas conocido! – contestó Carlos.

Pasamos la noche platicando y haciendo muy buena amistad (al menos eso creí yo). Intercambiamos números de celular y quedamos de vernos en el mismo lugar el siguiente sábado.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Relatos

Mis lectores de Delirios recordarán que hace años intenté abrir un blog con mis relatos.
Sin embargo, fue un experimento fallido: por problemas laborales y personales "Si Volvieran Los Dragones" fue relegado al ovido y hace un tiempo borré dicho blog.
He decidido continuar la publicación de esos relatos, con una entrega cada dos semanas. Sé que es pésimo tener que esperar dos semanas para saber lo que sigue pero es la única forma de que yo pueda tener el tiempo de escribir.

Una de los relatos que empece allí es Gloriela (que aunque no lo crean llevo varios años con la idea en la cabeza). Esta será la tercera (y esperemos que sea la última!!!) vez que lo comienzo en mi blog.
Inicia el próximo miércoles...

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Junio 2014 - Calais (3)

Para otros viajes, click aqui.


Este es el tercer y final post con las fotos de mi viaje a Calais en Junio pasado...

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Estas son vistas desde el Faro de la ciudad:






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Estatua a los pescadores
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Estas son tomadas desde la torre del Ayuntamiento:




Vista desde el interior

El patio interno del Ayuntamiento, con una exhibición que usa las tarjetas perforadas en formas novedosas, ya sea como biznagas

O como medusas
La torre del Ayuntamiento, vista desde afuera

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Un poster que me pareció curioso, anunciando una banda tributo a los Beatles.

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El Teatro de la ciudad... Se puede ver que tiene el estilo que infuenció Bellas Artes en la Ciudad de México.
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Frente al teatro una estatua a Jacquard.
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Pequeño autobus turístico que le da la vuelta a la ciudad. Es un servicio gratuito...

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Las otras partes, aquí: